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¿QUÉ ES TEOSOFÍA?

La palabra Teosofía está formada por los términos griegos teos y sophía. Éste último equivale a Sabiduría, mientras que teos alude a un dios (con minúsculas, no a Dios, tal como lo entendemos en la actualidad). Por lo tanto Teosofía significa Sabiduría Divina, la Sabiduría de los dioses.
Este nombre data del siglo III d.c. y los primeros que lo utilizaron fueron los analogistas: Ammonio Saccas y sus discípulos, que fundaron la Escuela Teosófica Ecléctica. Fue transmitido por los filósofos alejandrinos llamados filaleteos o amantes de la verdad, de fil “amante” y aleteia “verdad”. De ahí el lema de la Sociedad Teosófica: “No hay religión más elevada que la verdad”. Pero el sistema de enseñanzas al que se refiere, lo encontramos bajo otros nombres tan atrás como retrocedamos en la historia.
La Teosofía no es, como dice un conocido diccionario, una selección de principios tomados de varias religiones: en sí misma no es una religión, ni secta, ni especie de culto o una colección de creencias; no es espiritismo o espiritualismo (en el sentido ordinario de la palabra); no es práctica de artes ocultas, no es enseñanza dogmática; no ha sido inventada o compilada por nadie; de ninguna manera es un producto de la imaginación del hombre.
La Teosofía es el conocimiento de las leyes, principios, procesos y naturaleza de la Naturaleza misma, en todos sus aspectos, tanto objetivos como subjetivos, y a todos los niveles del ser y de operación, física, emocional, mental, supermental y espiritual. Se conoció desde que hubo una mente para aprenderla.
La Teosofía es el camino que conduce a la Verdad en toda religión así como en toda ciencia: es el hilo de Ariadna dado por el maestro al discípulo que se aventura dentro del laberinto de los misterios del Ser; la antorcha que ilumina el camino. Pero esta luz sólo puede ser discernida por los ojos del alma despierta, por nuestros sentidos espirituales. Ella deslumbra los ojos del materialista como el sol deslumbra al topo.
La Teosofía es como el rayo blanco del espectro, y cada religión es como uno de los siete colores del prisma. La Teosofía es la esencia de toda religión y de la verdad absoluta, es aquello en lo que coinciden todas las religiones, los principios básicos de la Naturaleza de cuyo conocimiento derivan todos los conocimientos restantes.
En las últimas décadas la ciencia ha explorado los procesos de la naturaleza y ha hecho descubrimientos admirables en muchas áreas, pero seguimos sin avanzar en cuestiones básicas como el origen del hombre y del Universo. Aunque en los albores de la ciencia moderna la instrucción teosófica no era aceptada, a medida que la ciencia va profundizando en el conocimiento de las leyes universales, se acerca extraordinariamente y coincide de modo impactante con las teorías planteadas por H. P. Blavatsky en el siglo XIX.
La Teosofía pretende erradicar la idea de que no podemos acceder al conocimiento divino por nosotros mismos, en la cual están basados los dogmas de fe. Lo que necesitamos para comenzar es una teoría comprensiva y comprensible, y un método, una indicación del camino que conduce a la sabiduría. La Teosofía nos proporciona una base teórica, un sistema de investigación y los elementos necesarios para acceder a los fines planteados.
Es muy importante tener presente desde ahora, que el aprendernos intelectualmente las ideas teosóficas, por sí solo, no nos hará teósofos, puesto que para serlo es necesaria la puesta en práctica o vivencia interna de dichos conocimientos.
El almacenamiento intelectual del conocimiento, nos hará más eruditos en alguna doctrina, pero no necesariamente más sabios. Cuando nos proponemos desde una fuerte convicción interna, experimentar en nuestro propio caminar las enseñanzas de los grandes maestros, es cuando verdaderamente podemos decir que poseemos sabiduría.
De la misma forma que nuestros músculos se atrofian si no son usados con frecuencia, y no nos permiten nuestro pleno desarrollo físico, la actitud teosófica también ha de ser ejercitada en la vida cotidiana para lograr un cambio real. Podemos comprender que la empresa no es simple ni fácil, pero esto no es un obstáculo para que hagamos un esfuerzo por nosotros mismos.
Todos los cultos antiguos indican la existencia de una sola teosofía anterior a ellos, de cuyas fuentes han bebido. La Sabiduría – Religión siempre fue una, única, y siendo la última palabra del conocimiento humano posible, era por esta razón cuidadosamente preservada por los iniciados de cada religión y los investigadores de la verdad. Toda enseñanza filosófica y culto religioso antiguo constaba de una parte esotérica, interna o secreta y de un culto exotérico, exterior, de cara al público. Todos preservaron en secreto, por temor a la profanación, sus verdaderas enseñanzas.
La teosofía es la sabiduría acumulada durante siglos ininterrumpidamente, recogida en las expresiones culturales humanas tales como alegorías, símbolos, mitos y leyendas, trasmitida a través de tradiciones orales y escritas y de los más diversos medios de expresión. Esta sabiduría es accesible siempre para todo aquel que desea seriamente la autorrealización.
Existen dos vías de acceso a los conocimientos teosóficos.
• En primer lugar, podemos acceder por el Conocimiento Directo de la Realidad. La tradición esotérica afirma que el hombre, en su naturaleza esencial, es una parte o aspecto de esa Realidad que las grandes religiones del mundo han reconocido siempre bajo el nombre de Dios. Sobre la base de esta identidad, es posible para el hombre acceder al conocimiento directo de su Divinidad, sin intermediarios. Pero esto lo hará a través de un largo proceso de descubrimiento de sí mismo, hasta que alcanzando su auto realización, experimente el hecho de su identidad con la Realidad Una. Después de esto, ya no puede existir para él más duda, la muerte, el pecado o el dolor. Este estado descrito por los místicos de todos los tiempos, credos y filosofías como la “unión con Dios”, es la meta que conocemos bajo diversos nombres como liberación, salvación, iluminación o nirvana.
• En segundo lugar, podemos acceder a los conocimientos teosóficos mediante el estudio de la tradición teosófica, el cuerpo común de conocimientos legado por las enseñanzas de los sabios y el más elevado factor común de todas las enseñanzas religiosas, filosóficas y de la ciencia, impartidas y transmitidas desde el más remoto pasado hasta nuestros tiempos.
La enseñanza yace escondida bajo el símbolo y la alegoría en muchas narraciones tradicionales y en libros sagrados. Esta enseñanza ha sido divulgada por primera vez en lenguaje claro hacia finales del siglo XIX en las obras de H. P. Blavatsky y de otros. Fue dicho entonces que sería todo lo que la humanidad sería capaz de comprender incluso en el siglo XX. Es un reto a nuestras capacidades intelectuales y espirituales más profundas y, singularmente, nos da las respuestas a muchas de las preguntas que el hombre ha estado haciéndose desde tiempo inmemorial.
En las enseñanzas teosóficas que explícita o implícitamente están contenidas en la Historia de las Filosofías y Religiones de todas las culturas, nos encontramos con una serie de Proposiciones Básicas que sustentan el cuerpo de verdades sobre las cuales han girado todas las especulaciones, investigaciones, rituales y toda la búsqueda de la Ciencia. Las Proposiciones Básicas sobre las que se sustenta la Teosofía son tres, y todos los demás Principios proceden y son una expansión de ellas.
Estas Proposiciones Fundamentales fueron recopiladas, especificadas y ordenadas o clasificadas, por la Señora Blavatsky en su ingente obra “La Doctrina Secreta”. En conjunto nos desvelan los misterios sobre la vida de todo lo existente y nos indican el medio para entender y comprender los interrogantes que el estudiante más tarde o más temprano se hace sobre sí mismo y sobre el Universo que le rodea. Estas Proposiciones son las siguientes:
• Principio de Unidad: La Ley fundamental de la filosofía esotérica es la Unidad de todas las cosas: Unidad de todo cuanto existe, de todo lo que es, porque sólo hay una fuente espiritual de la cual todo lo manifestado procede, y en la cual todo será reabsorbido.
• La Ley Universal: Esta proposición dice que el Universo opera de acuerdo a La Ley. Hay una Ley la cual incluye a todas las otras. Nada está fuera de La Ley. La Ley es inherente al Todo. Uno de sus aspectos es el de la periodicidad que se aplica tanto a lo visible como a lo invisible, a lo abstracto como a lo concreto, a lo macro y microcósmico.
• La Ley de la Evolución: Toda alma tiene que pasar necesariamente “a través de un ciclo completo de encarnaciones” hasta llegar a la identidad con el Uno Absoluto conforme con la Ley Cíclica y Kármica. Este mismo Principio afecta a toda la Naturaleza manifestada en sus diferentes reinos.
El problema que existe con las tres Proposiciones Fundamentales y los Principios que se derivan de ellas es que a veces nos resultan demasiado abstractos. Cuando tenemos problemas en nuestra vida diaria y necesitamos ayuda urgente, nos puede dar la sensación de que la Teosofía no nos ayuda a solucionarlos con la rapidez que necesitamos. En casos extremos incluso nos preguntamos por qué los Maestros o las Fuerzas Superiores no nos ayudan, nos muestran qué hacer, o qué dirección tomar.
Sin embargo, es evidente que no podemos esperar que nos lleven de la mano y que se nos diga: “Ahora debes hacer esto o aquello”. Seguramente los grandes Maestros de la humanidad se convirtieron en lo que son por medio de un largo y profundo esfuerzo para aplicar estos Principios. Necesitamos tomar conscientemente las riendas de nuestra vida, imprimiendo el esfuerzo adecuado en la dirección precisa. Tenemos que encontrar la aplicación práctica de estas verdades trascendentales en nuestra vida diaria.
Si con el estudio de la Teosofía conseguimos elevar nuestras mentes, tendremos una perspectiva más amplia y veremos nuestros problemas inmersos en un todo, nuestras decisiones serán cada vez más acertadas y más en la línea que queremos darle a nuestra vida. Los Principios Teosóficos pueden mostrarnos la dirección más adecuada. Si los comprendemos como principios inviolables del Universo y de nuestra propia naturaleza, ya no pensaremos más en ellos como algo ajeno a nosotros, algo abstracto e inalcanzable, sino que serán parte de nuestras vidas y nos serviremos de ellos como una fuente espontánea de verdad en cada circunstancia y situación. La medida en que esto ocurra dependerá del grado de profundidad en que estos conocimientos han echado raíces en nuestro ser.
Debemos recordar que cada paso que demos, por pequeño que sea, nos lleva inexorablemente en una dirección o en otra, bien sea hacia la realización de nuestra naturaleza divina o hacia su degradación. Estamos equivocados al no valorar inclusive esos pequeños esfuerzos que pueden parecernos de poca importancia; si están de acuerdo con nuestras mejores capacidades en el momento presente, son seguramente pasos necesarios en nuestro viaje evolutivo.
Para más información, puedes visitar la página web de la Sociedad Teosófica: http://www.sociedadteosofica.es/

 
 
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